• Obligación de alimentos a hijos mayores de edad ¿Cuál es el límite?

    El Código Civil, en su artículo 152.3, establece que la obligación del obligado a abonar alimentos cesa “Cuando el alimentista pueda ejercer un oficio, profesión o industria, o haya adquirido un destino o mejorado su fortuna, de suerte que no le sea necesaria la pensión alimenticia para su subsistencia.”

    Por tanto, la obligación de un padre de alimentar a sus hijos no acaba, como puedan pensar algunos, con la mayoría de edad de estos, sino cuando alcancen la independencia económica y puedan valerse por sí mismos.

    Pero ese artículo ha de interpretarse, tal y como establece el 3.1 del mismo cuerpo legal “según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas.”

    Sabemos que en la actual coyuntura social, muchos jóvenes no ven la luz al final del túnel y, por muy buena formación que posean o mucho empeño que pongan, no consiguen un contrato laboral que les garantice poder continuar con su vida de manera independiente de sus padres.

    Pero, ¿qué pasa cuando el alimentista, siendo mayor de edad, no hace nada por ejercer un oficio o que mejore su fortuna? Ni busca empleo de forma activa ni se forma para poder aspirar a él en un futuro próximo, ni siente la más mínima necesidad de salir de tal situación.

    Reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra, ha atendido a la petición de un padre de dejar de prestar alimentos a su hijo mayor de edad, de 24 años, que no hace esfuerzo alguno en encontrar un empleo ni en formarse para ello, dejando sin efecto la obligación fijada en anterior sentencia de divorcio.

    En Sentencia de 1 de marzo de 2001, el Tribunal Supremo le puso nombre a una situación de este tipo, usando la expresión “parasitismo social”: “(…)dos personas, graduadas universitariamente, con plena capacidad física y mental y que superan los treinta años de edad; no se encuentran, hoy por hoy, y dentro de una sociedad moderna y de oportunidades, en una situación que se pueda definir de necesidad, que les pueda hacer acreedores a una prestación alimentaria; lo contrario sería favorecer una situación pasiva de lucha por la vida, que podría llegar a suponer un “parasitismo social”.(…)

    En mi opinión aquélla sentencia no es demasiado aplicable a una situación de crisis de empleo juvenil atroz como la que venimos padeciendo desde unos años atrás. Esta sociedad puede ser moderna en determinados apartados, aunque lo de ser una sociedad “de oportunidades” habría que dejarlo para debate aparte.

    Sin embargo, padres e hijos, podemos tener claro que una situación en la que los progenitores tengan la obligación de alimentar a sus hijos, por el mero hecho de serlo y sin ninguna otra consideración, no es concebible. Se trata de un concepto de SOLIDARIDAD entre ambas partes, y ambas deben ser responsables y corresponder recíprocamente en sus obligaciones.